Diez artistas españoles revisan el legado estético e ideológico de Picasso
Instalación de Elo Vega y Rogelio López Cuenca, El hijo pródigo, con centenares de Picassos caganers que evacuan monedas de oro (Ana Jiménez)
TERESA SESÉ, BARCELONA

En 1945, el mismo año en el que Picasso se afilió al Partido Comunista francés, el FBI clavó sus ojos sobre el artista, quien ya no se libraría de su condición de sospechoso hasta su muerte, en 1973. A lo largo de estas tres décadas, Picasso fue objeto de decenas de informes secretos, buena parte de cuyo contenido, una vez desclasificados, continúa sepultado bajo las tachaduras realizadas por el propio FBI.

“Pero aún así son importantes porque lo que podemos leer entre líneas habla de uno de los aspectos más desconocidos o menos comentados de Picasso, su generosidad, su implicación política o su colaboración con los exiliados españoles”, apunta el artista Daniel G. Andújar, que ha desplegado los 196 documentos en Guernica. Picasso comunista, obra que pertenece a la colección del Reina Sofíay que ahora forma parte de En el nombre del padre, exposición que reúne obras de una decena de artistas españoles que revisitan estética e ideológicamente la herencia de Picasso desde una mirada respetuosa, pero crítica y desacomplejada.

 

“Picasso es una figura paterna a la que amar, con la que convivir o a la que combatir”, dice Rosa Martínez

Picasso es una figura paterna a la que amar, con la que convivir o a la que combatir críticamente”, dice Rosa Martínez, comisaria de una muestra que ha llenado de vibraciones y retazos de vida las paredes y salas del museo. Porque En el nombre del padre, que se inaugura hoy en la sala Mauri de la planta baja (hasta el 24 de septiembre), se cuela también en el recorrido de la colección permanente, mediante una serie de intervenciones “en tres obras claves del legado de Picasso a la ciudad en 1968”. Martínez se refiere a la sala de Los pichones, que para Picasso eran símbolo de joie de vivre, la felicidad, la voluptuosidad mediterránea, en la que ahora cuelga La paloma de la guerra de Pilar Albarracín, con una bala sujeta en el pico que nos recuerda que “la guerra no acaba nunca y que la industria de la muerte sigue existiendo”.

Las Meninas son visitadas por la familia de Enrique Morente al completo, protagonistas de una poética y emocionante performance que tuvo lugar el pasado 27 de mayo en el museo, Compases, silencios y libertad, de la que se muestra por primera vez al público su registro videográfico, mientras en la planta baja, prendida de un hilo invisible, gira sobre sí misma la americana pintada a mano por su viuda, Aurora Carbonell: unos ojos picassianos en la espalda y el rostro de uno de los estudios para Las señoritas de Aviñón junto a la solapa.

Unas señoritas, las prostitutas que el artista frecuentaba en Barcelona, que Martínez conecta aquí con las cuatro prostitutas adictas a la heroína a las que Santiago Sierra pagó por dejarse tatuar una línea horizontal en la espalda, “cuestionando la pureza formal del minimalismo con las formas de explotación serializada del capitalismo”. La muestra incluye también el original del cartel de Miquel Barceló para la corrida del 25 de septiembre de 2011 en la plaza Monumental, la última antes de que se hiciera efectiva la prohibición de las corridas en Barcelona. Y un Minotauro en posición fetal que Tania Berta Judith bordó en una sábana heredada de las mujeres de su familia y con la que parece dar la vuelta a ese Picasso símbolo por antonomasia del patriarcado.

 

 

Cristina Lucas tiende un hilo invisible al Gernika con España y el Rif, un mapa bordado en tela de gabardina donde documenta todos los bombardeos aéreos sobre la península y el norte de Marruecos, que forma parte de su proyecto de documentar todos los Gernikas del mundo, una instalación multimedia de seis horas aún incompleta. Y Elo Vega y Rogelio López Cuenca advierten desde un escaparate que da a la calle sobre la mercantilización de la marca Picasso mediante centenares de figuras de un Picasso caganer que transforma todo en oro.

Uno de los momentos más emocionantes de la muestra, y que merece una visita reposada es el registro videográfico de la acción que, dentro del proyecto Los otros invisibles, protagonizó Eulàlia Valldosera ante el retrato de Jacqueline Roque: ella misma, en un ejercicio de autohipnosis, convertida en antena y prestando su cuerpo y su voz a la memoria del cuadro. También de Valldosera es la instalación We are all one body, incluida dentro de la colección permanente.

Por: La vanguardia.

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